El Cinturón de Orión, Rigel y Betelgeuse.
Si hay un rey en el cielo de invierno, ese es Orión. Su cinturón, formado por las tres estrellas alineadas (Alnitak, Alnilam y Mintaka), es inconfundible, pero la verdadera magia reside en los extremos y en lo que el ojo inexperto no ve a simple vista. Desde la oscuridad privilegiada de Fórnoles, la constelación deja de ser un dibujo de líneas para convertirse en una lección de astrofísica en vivo, donde el color de las estrellas nos cuenta su historia y su destino.
En el hombro del cazador encontramos a Betelgeuse, una supergigante roja que está llegando al final de su vida. A simple vista desde nuestro pueblo, su tono anaranjado es evidente y contrasta violentamente con el pie de la constelación: Rigel. Esta supergigante azul es joven, caliente y tremendamente energética. Este contraste cromático (rojo vs azul) es uno de los desafíos y placeres más grandes para la fotografía nocturna, y solo en cielos sin contaminación lumínica se pueden capturar estos matices de color reales sin filtros excesivos.
Pero hay más: colgando del cinturón está la «espada» de Orión, donde reside la Gran Nebulosa de Orión (M42). En Fórnoles, no necesitas un telescopio para intuirla; se ve como una «estrella borrosa» a simple vista. Con unos prismáticos o una cámara con teleobjetivo, esa mancha explota en formas de gas y polvo donde hoy mismo están naciendo nuevas estrellas. Es la guardería estelar más famosa, y tenerla presidiendo nuestras noches de invierno es un lujo que invitamos a todos a descubrir.
Palabras Clave: Cinturón de Orión, Betelgeuse, Rigel, Constelación de Orión, Nebulosa de Orión, M42. Noticia de Elmundo.




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