Lluvias de Estrellas de Invierno.
Diciembre trae consigo el frío, pero también trae el fuego en el cielo. Las Gemínidas y las Úrsidas son el broche de oro astronómico del año, y aunque muchos huyen de las bajas temperaturas, los verdaderos amantes del cielo saben que el invierno ofrece las atmósferas más transparentes y limpias para la observación. En Fórnoles, cuando el termómetro baja, el cielo se «cristaliza», ofreciendo una nitidez que las noches de verano rara vez pueden igualar.
Las Gemínidas, en particular, son famosas por ser meteoros lentos y brillantes, a menudo de colores verdosos o amarillentos, producto de los restos del asteroide 3200 Phaethon. Observarlas desde una ciudad es frustrante; observarlas desde los alrededores de Fórnoles es una experiencia inmersiva. Sin luces artificiales que compitan con ellas, es posible contar más de 100 meteoros por hora en el momento pico. Es un espectáculo de fuegos artificiales naturales que justifica abrigarse con varias capas térmicas.
Para los fotógrafos nocturnos, este es el momento de usar grandes angulares y disparadores remotos. La técnica del «startrails» o trazas de estrellas cobra un valor especial aquí: puedes dejar el obturador abierto durante minutos capturando decenas de meteoros cruzando el encuadre sin que el fondo del cielo se queme por la luz residual de las farolas, algo imposible en entornos urbanos. El silencio del invierno en el Matarraña, roto solo por el «¡mira esa!» de los compañeros de observación, convierte estas noches en recuerdos imborrables.





Deja una respuesta